Prólogo (boceto).
Prólogo: osos y rosas. Narrador: Daniel, 15 años. El aire olía a polvo y a algo dulzón, como algodón de azúcar podrido. Mis zapatillas chirriaban contra el suelo de madera, un eco que rebotaba en las paredes de este maldito laberinto que no terminaba nunca. No sabía cómo había llegado aquí, pero eso no importaba. Lo único que importaba era el sonido detrás de mí: un thump-thump-thump pesado, como si un saco de boxeo cayera una y otra vez. Y los gruñidos. Bajos, guturales, hambrientos. Giré la cabeza por instinto, y ahí estaba: el oso de peluche gigante, con su sonrisa cosida torcida y un ojo de botón colgando como si alguien lo hubiera arrancado a medias. Sus patas, esas cosas fofas y rellenas de algodón, golpeaban el suelo con tanta fuerza que las tablas crujían. No debería ser tan rápido. No debería estar vivo. Pero aquí estaba, persiguiéndome como si yo fuera su cena. Corrí más fuerte, aunque mis pulmones ardían y mis piernas temblaban como gelatina. El sudor me pegaba el pelo...